Sigmund Freud (El malestar en la cultura)


La libertad individual no es un bien de la cultura, pues era máxima antes de toda cultura, aunque entonces carecía de valor porque el individuo apenas era capaz de defenderla. El desarrollo cultural le impone restricciones, y la justicia exige que nadie escape a ellas. Cuando en una comunidad humana se agita el ímpetu libertario, puede tratarse de una rebelión contra alguna injusticia establecida, favoreciendo así un nuevo progreso de la cultura y no dejando, por tanto, de ser compatible con ésta; pero también puede surgir del resto de la personalidad primitiva que aún no ha sido dominado por la cultura, constituyendo entonces el fundamento de una hostilidad contra la misma. Por consiguiente, el anhelo de libertad se dirige contra determinadas formas y exigencias de la cultura, o bien contra ésta en general. Al parecer, no existe medio de persuasión alguno que permita inducir al hombre a que transforme su naturaleza en la de una hormiga; seguramente jamás dejará de defender su pretensión de libertad individual contra la voluntad de la masa. Buena parte de las luchas en el seno de la humanidad giran alrededor del fin único de hallar un equilibrio adecuado (es decir, que de felicidad a todos) entre otras reivindicaciones individuales y las colectivas, culturales; uno de los problemas del destino humano es el de si este equilibrio puede ser alcanzado en determinada cultura o si el conflicto en sí es inconciliable.

Al dejar que nuestro sentido común nos señalara que aspectos de la vida humana merecen ser calificados de culturales, hemos logrado una impresión clara del conjunto de la cultura, aunque por el momento nada hayamos averiguado que no fuese conocido por todo el mundo. Al mismo tiempo, nos hemos cuidado de caer en el prejuicio general que equipara la cultura a la perfección, que la considera como el camino hacia lo perfecto, señalando en los seres humanos. Para aquí abordamos cierta concepción que quizá conduzca en otro sentido. La evolución cultural se nos presenta como un proceso peculiar que se opera en la humanidad y muchas de cuyas particularidades nos parecen familiares. Podemos caracterizarlo por los cambios que impone a las conocidas disposiciones institucionales del hombre, cuya satisfacción es, en fin de cuentas, la finalidad económica de nuestra vida. Algunos de estos instintos son consumidos de tal suerte, que en su lugar aparece algo que en el individuo aislado calificamos de rasgo del carácter. El erotismo anal del niño nos ofrece el más curioso ejemplo de tal proceso. En el curso del crecimiento, su primitivo interés por la función excretora, por sus órganos y sus productos, se transforma en el grupo de rasgos que conocemos como ahorro, sentido del orden y limpieza, rasgos valiosos y loables como tales, pero susceptibles de exacerbarse hasta un grado de notable predominio, constituyendo entonces lo que se denomina <<carácter anal>>. No sabemos cómo sucede esto, pero no se puede poner en duda la certeza de tal concepción. Ahora bien: hemos comprobado que el orden y la limpieza son preceptos esenciales de la cultura, por más que su necesidad vital nos salte precisamente a los ojos, como tampoco es evidente su aptitud para proporcionar placer. Aquí se nos presenta por primera vez la analogía entre el proceso de la cultura y la evolución libidinal del individuo.

Otros instintos son obligados a desplazar las condiciones de su satisfacción, a perseguirla por distintos caminos, proceso que en la mayoría de los casos coincide con el bien conocido mecanismo de la sublimación (de los fines instintivos), mientras que en algunos aún puede ser distinguido de ésta. La sublimación de los instintos constituye un elemento cultural sobresaliente, pues gracias a ella las actividades psíquicas superiores, tanto científicas como artísticas e ideológicas, pueden desempeñar un papel muy importante en la vida de los pueblos civilizados. Si cediéramos a la primera impresión, estaríamos tentados a decir que la sublimación es, en principio, un destino instintual impuesto por la cultura; pero convendrá reflexionar algo más al respecto.

Por fin, hallamos junto a estos dos mecanismos un tercero, que nos parece el más importante, pues es forzoso reconocer la medida en que la cultura reposa sobre la renuncia a las satisfacciones instintuales: hasta qué punto su condición previa radica precisamente en la insatisfacción (¿por supresión?, represión o algún otro proceso?) de instintos poderosos. Esta frustración cultural rige el vasto dominio de las relaciones sociales entre los seres humanos, y ya sabemos que en ella reside la causa de la hostilidad opuesta a toda cultura.

* Sigmund Freud (Tótem y tabú)
Sigmund Freud (Relatos clínicos)

Roger Scruton (Usos del pesimismo) El peligro de la falsa esperanza


Una dosis de pesimismo nos recuerda que el gran arte no es fácil de alcanzar, que no hay una fórmula para producirlo, y que la creatividad sólo tiene sentido si hay reglas que la constriñan. Esas reglas no son arbitrarias o inventadas. La armonía tonal ha evolucionado mediante el diálogo entre el artista y el público a través de los siglos. Es el producto resultante del gusto, los logros de una comunicación satisfactoria que conduce a una sostenida tradición de disfrute artístico. Las reglas pueden romperse, pero deben ser primero interiorizadas. Respetamos la ruptura de reglas de Schoenberg en Pierrot Lunaire, en parte porque quien las rompía era el compositor de Gurrelieder Verkärte Nacht. No respetamos la ruptura arbitraria  de reglas por alguien como Tracey Emin, que da la impresión de no haberlas sabido manejar jamás.

La falacia del movimiento del espíritu debe su atracción a su vacuidad: se puede utilizar para justificar cualquier cosa, para desactivar cualquier crítica, aunque esté bien informada, y para laurear con vacuos honores cualquier chistoso acto de desafío que pueda presentarse como nuevo. Envuelve los gestos más arbitrarios con un halo de necesidad, y de ese modo neutraliza la crítica antes de que ésta pueda pronunciarse. Y, al mismo tiempo, daña la causa tradicional (contra la que se alinea) y la causa del talento individual (a la que se propone adelantar). De Schoenberg  a Eliot, pasando por Messiaen y Matisse, los grandes modernistas nunca han tenido tiempo de ofrecer una mirada que haga más sencillo el arte moderno, han renunciado a una característica sin la cual la originalidad no puede apreciarse: el intento de establecer una continuidad real con los maestros del pasado. Los primeros modernistas, que también estaban hasta cierto punto infectados por la falacia del Zeitgeist, jamás sintieron que su libertad podía ser justificada sólo por ignorar o desafiar al pasado. La auténtica historia del artista moderno es la historia que contaron los grandes modernistas. Es la historia contada por T.S. Eliot en sus ensayos y los Cuatro cuartetos, por Ezra Pound en los Cantos, por Schoenberg  en sus escritos críticos y en Moisés y Aarón, por Rilke en los Sonetos a Orfeo y por Valéry en El cementerio marino. Ninguno de ellos interpretó el trabajo del artista moderno como una ruptura con la tradición, sino como una forma de reinterpretar la tradición en unas circunstancias en las que el legado histórico había dejado de ser provechoso. Si la modernidad debe reelaborar las formas y los estilos artísticos no es para repudiar la vieja tradición, sino para restituirla. El esfuerzo del artista moderno consiste en expresar realidades que no han sido anteriormente encontradas y que son especialmente difíciles de capturar. Pero eso sólo puede hacerse con todo el bagaje de nuestro capital cultural y aplicándolo sobre el presente para descubrir cómo es en realidad. Para Eliot y sus colegas, por tanto, no podía haber auténtico arte moderno que no fuese al mismo tiempo una búsqueda de la tradición: un intento de capturar la naturaleza de la experiencia moderna poniéndola en relación con las certidumbres de una tradición real.

La muestra más ilustrativa de la falacia del movimiento del espíritu la encontramos en la arquitectura moderna y en sus defensores. Por <<arquitectura moderna>> no me refiero a obras maestras que, desde Frank Lloyd Wright a Louis Kahn, se han ganado su sitio entre los grandes iconos de nuestro tiempo. Me refiero al moderno vernáculo, compuesto por cortinas de piedra o bosques horizontales, sin molduras, sombras o ornamentos, sin fachadas articuladas, erigidas como adversarios ya familiares en nuestras calles, ciudades y pueblos: la <<cajas de zapatos>> habitual que antes podías ver en los suburbios y que ha empezado a colonizar el centro de nuestras ciudades. Rechazan los órdenes clásicos: columnas, arquitrabes y molduras. Rechazan la memoria de los griegos y del gótico. Rechazan la calle como el espacio público primario y la fachada como el aspecto público de un edificio. Rechazan las normas escritas y las no escritas que en el pasado dieron forma al tejido urbano. Rechazan estas cosas con el argumento de que son residuos de <<otro tiempo>>, que de aplicarse ahora serían meras imitaciones, despojadas de autenticidad, lo que los modernos llaman <<pastiche>>. La historia ha decretado su fin, contemplamos un nuevo amanecer y con él una nueva arquitectura, hecha con materiales y métodos que pertenecen al espíritu de los tiempos.

Émile Zola (Yo acuso) La verdad en marcha

Por lo tanto, éste es el primer punto a tener en cuanta: la opinión pública está hecha en gran parte de esas mentiras, de esas historias extraordinarias y estúpidas, que la prensa difunde cada mañana. Llegará la hora de las responsabilidades, y habrá que arreglar cuentas con esta prensa inmunda que nos deshora a ojos del mundo entero. Algunos diarios están en su papel, nunca han acarreado más que lodo.

Luis Racionero (Del paro al ocio)


Cada día resulta más claro que ese homo economicus es la raza más peligrosa entre todas las aparecidas sobre la tierra y cabe preguntarse si habrá tiempo de civilizardo antes de que provoque mayores males.




Milan Kundera (La insoportable levedad del ser)


Cualquier colegial puede hacer experimentos durante la clase de física y comprobar si determinada hipótesis científica es cierta. Pero el hombre, dado que vive sólo una vida, nunca tiene la posibilidad de comprobar una hipótesis mediante un experimento y por eso nunca llega a averiguar si debía haber prestado oído a su sentimiento o no.


Italo Svevo (La conciencia de Zeno)

Giovani solía decir que no había que tener prisa por llegar a la liquidación de un asunto, cuando de dicha liquidación no se pudiera esperar ventaja: todos los asuntos llegan tarde o temprano y por sí solos a su liquidación, como lo demuestra el hecho de que la historia del mundo sea tan larga y que tan pcoos asuntos hayan quedado pendientes. Hasta que no se haya procedido a su liquidación, todos los negocios pueden evolucionar favorablemente.

Antoni Marí (El camino de Vincennes)

El buen trabajo sólo pueda hacerse si uno aprecia lo que está haciendo, pensó. Eso debe ser la felicidad: hacer aquello para lo que uno está dispuesto. Tal vez también la libertad consista en algo parecido: que lo que uno hace sea lo que, inevitablemente, está obligado a hacer y no tener otra responsabilidad que ésa.

Emilio LLedó (Imágenes y palabras)


Las diferencias que enriquecen o empobrecen a los hombres no son tanto diferenciadas biológicas, enormemente modestas e insignificantes, sino diferencias lingüísticas, que marcan diferencias intelectuales, teóricas y, en consecuencia, diferencias en los comportamientos, en la praxis.








José Antonio Marina (La selva del lenguaje)

La primera función de la inteligencia es dirigir el comportamiento para salir bien parados de la situación en que estamos. Esta afirmación no nos lleva a la ciencia sino a la ética.






Rainer María Rilke (A lo largo de la vida)

Así es en el bosque en los atardeceres nebulosos de principios de otoño: las voces del arroyo y de la hierba se pierden en el mar de las brumas y sólo el quejido de las cimas de los árboles atormentadas por el viento vibra a través del bosque solitario.









Francisco Umbral (Los cuadernos de Luis Vives)


El olor, el perfume malo o bueno de cada situación, llega antes a la mente y la sensibilidad que cualquier otra cosa. El olor es la música de las cosas sin música. Y de las personas.






E.M. Cioran (El ocaso del pensamiento)


- La timidez es el arma que nos ofrece la naturaleza para defender nuestra soledad.

- Los hombres exigen tener un oficio. Como si el hecho de vivir no fuera ya uno. ¡y el más difícil!

- El acto del suicidio es terriblemente grande. Pero aún parece más agobiante suicidarse cada día...

- La palidez nos muestra hasta dónde el cuerpo puede entender el alma.

- Los atardeceres tienen algo de la belleza de una alucinación.


Tom Wolfe (La palabra pintada)

¡Por fin! Se acabaron los objetos referenciales, las lineas, los colores, las formas, los contornos, los pigmentos, las pinceladas, las evocaciones, los marcos, las paredes, las galerías, los museos, se acabó el realismo, se acabó la torturada contemplación de la endiosada Pintura Plana, ya no se necesita audiencia, sino un "destinatario" que pueda ser o no ser una persona y puede estar allí o no, se acabó la proyección del ego, tan sólo el "artista", en tercera persona, que puede ser o no ser alguien, ya que nada se le pide, ni siquiera la existencia, perdida en el mundo subjuntivo; momento de abdicación absolutamente desapasionada, de abandono despreocupado, en el que el arte llevó a cabo su pirueta fina, ascendió más y más arriba por una espiral sin fin que sólo decrecía para estrecharse y, en un acto final de libertad, en una última reacción vital previa al estado fósil, desapareció en la cima de su apertura fundamental... ¡ y surgió por el otro extremo convertido en Teoría del Arete...! Teoría del arte pura y simple, palabras escritas en una página, literatura que la mirada no puede mancillar; plana, más plana que nada, la Más Plana, una visión invisible, inefable, como los ángeles y las Animae Mundi.

Luís Rojas Marcos (Nuestra felicidad)

Según la Organización Mundial de la salud, unos mil doscientos individuos se suicidan cada día en el mundo, y por cada uno que se inmola veinte lo intentan sin éxito. También hay suicidas que no aparecen en las estadísticas porque la muerte es emocional y no física. Me refiero a las parejas en bancacarrota efectiva, a las amas de casa paralizadas en su dependencia, a los burócratas hastiados, a los narcisistas ensimismados, a los alcohólicos disimulados y a quienes viven aletargados por el cinismo, la desidia y la ruina.

John R. Searle (Razones para actuar)

El lenguaje es tanto para pensar como para hablar.

J. W. Goethe (Poesía y verdad)


...que el hombre sepa cómo les ha ido a los demás y, por tanto, qué le cabe esperar también a él de la vida, y que piense, sea lo que sea, que esto le sucede como hombre y no como un individuo especialmente feliz o desgraciado. Si bien estos conocimientos no sirven de mucho para impedir las desgracias, sí resultan muy útiles para adaptarse a las circunstancias, soportarlas e incluso aprender a superarlas.
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El hombre necesita de una cantidad tan interminable de circunstancias previas y concursos externos para su sola y simple existencia que, si quisiera rendir siempre el agradecimiento que le debe al Sol y a la Tierra, a Dios y a la naturaleza, a los antepasados y a sus padres, a sus amigos y compañeros, no le quedaría tiempo ni sentimiento suficiente para recibir y disfrutar de nuevos beneficios. Ciertamente, si el hombre, en su estado natural deja que toda irreflexión lo domine y sojuzgue su interior, la fría indiferencia irá ganando cada vez más terreno hasta que finalmente verá al benefactor como a un extraño, incluso a alguien en cuyo perjuicio podríamos ocasionalmente emprender alguna acción si nos fuera útil. En realidad es sólo esto lo que puede recibir el nombre de ingratitud, lo que surge de la barbarie en la que finalmente tendrá que perderse a la fuerza toda naturaleza que esté sin cultivar. Sin embargo, la aversión por el agradecimiento, el responder a un beneficio con un carácter desagradable y enojoso, es muy rara y se da únicamente en hombres notables: aquellos que, nacidos en una clase baja o sin recursos, pero dotados de grandes talentos e intuyéndolos así, tienen que abrirse camino paso a paso desde la infancia y aceptar ayuda y apoyo en todas partes, auxilios que a veces les son aguados y amargados por la misma torpeza de los benefactores, en la medida en que los bienes que reciben son terrenales, mientras que lo que ellos producen a cambio es de una naturaleza superior, de modo que se puede pensar en una compensación propiamente dicha. 

[...] En un ensayo autobiográfico se hace pertinente hablar de uno mismo. Yo, por naturaleza, soy tan poco agradecido como pueda serlo cualquier otro y, al olvidar las bondades recibidas, sentir de forma vehemente cierta tensión pasajera en una relación podía inducir fácilmente a mostrar ingratitud. 

Para salir al paso de esta tendencia, me acostumbré en primer lugar a acordarme con agrado de cómo he obtenido todo lo que poseo y de quién lo he recibido, ya sea en forma de regalo, de intercambio, de compra o por alguna otra vía. Siempre que muestro a alguien mis colecciones me he acostumbrado a recordar a las personas por cuya mediación obtuve cada pieza, e incluso jacer justicia a la circunstancia, al azar o a la ocasión más peregrina que haya podido procurarme cada uno de los objetos que aprecio y valoro. De este modo hacemos que lo que nos rodea adquiera vida; lo veamos sumido en un juego intelectual, afectivo y genérico de relaciones y mediante el recuerdo de circunstancias pasadas elevamos y enriquecemos la existencia presente. La imagen de quienes nos procuraron la posesión de los objetos aparecerá repetidas veces en nuestra imaginación y la vincularemos con un recuerdo agradable; así hacemos imposible toda muestra de ingratitud y volvemos fácil y deseable corresponder ocasionalmente con un detalle similar. Al mismo tiempo nos veremos impelidos a tomar en consideración algo que no es una mera posesión material y gustaremos de recapitular de dónde proceden y de cuándo datan nuestros bienes más preciados.

Giacomo Leopardi (Cantos escogidos)


SIEMPRE AMADO me fue este otero yermo,
y este seto que excluye la mirada
del último horizonte en tanta parte.
Mas sentado y mirando, interminables
espacios tras de aquel, y un sobrehumano
silencio, y una calma profundísima
en la mente imagino, tal que casi
siente miedo mi pecho. Y cuando el viento
oigo sonar entre esas plantas, ese
infinito silencio, y esta voz
voy comparando; y en lo eterno pienso,
las edades ya muertas, la presente
y viva, y su sonido. Así tras esta
inmensidad se anega el pensamiento;
y dulcemente en este mar naufrago.

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OH TÚ, GRACIOSA LUNA, bien recuerdo
que sobre esta colina, ahora hace un año,
angustiado, venía a contemplarte:
y tú te alzabas sobre aquel boscaje
como ahora, que todo lo ilumina.
Mas trémulo y nublado por el llanto
que asomaba a mis párpados, tu rostro
se ofrecía a mis ojos, pues doliente
era mi vida: y aún lo es, no cambia.,
oh mi luna querida. Y aún me alegra
el recordar y el renovar el tiempo
de mi dolor: ¡Oh, qué dichoso es
en la edad juvenil, cuando aún tan larga
es la esperanza y breve la memoria,
el recordar las cosas ya pasadas,
aun tristes, y aunque duren las fatigas!

Edmund Burke (Indagación filosófica sobre el origen de nuestras ideas acerca de lo sublime y de lo bello)

La pasión excitada por la belleza, de hecho está más próxima a una especie de melancolía, que a la alegría y al regocijo.

Eduardo Subirats (Violencia y civilización)

Las explosiones sobre Hiroshima y Nagasaki se llevaron consigo, junto a las vidas de cientos de miles de humanos, los sueños y esperanzas civilizatorias ligados a esta tradición del humanismo científico del Renacimiento y la Ilustración europeos. En esta medida trazaron una línea divisoria irreversible entre el proceso civilizatorio ligado al desarrollo de la tecnociencia, y al poder industrial y militar, y los valores de soberanía, libertad o humanidad formulados por las filosofías científicas de la Ilustración.

Fernando Pessoa (Libro del desasosiego)


En la vida de hoy, el mundo sólo pertenece a los estúpidos, a los insensibles y a los agitados. El derecho a vivir y a triunfar se conquista hoy con los mismos procedimientos con que se conquista el internamiento en un manicomio: la incapacidad de pensar, la amoralidad y la hiperexcitación.




José Luís Abellán (El filósofo "Antonio Machado")


El ideal, lo que queremos ser, nos marca más profundamente que lo que en realidad somos, confundiéndose uno y otro en la práctica. Unamuno y Ortega se movían en esta línea de pensamiento que hace de nuestra vida una creación literaria, matizándola con carácter novelesco. El mismo Machado se coloca en esta dirección cuando nos dice que hay que "partir siempre de lo imaginado, de lo supuesto, de lo apócrifo; nunca de lo real". Y nos da así una pauta para la comprensión de su obra y su pensamiento, advirtiéndonos indirectamente de la importancia de sus poetas apócrifos. Es indudable, pues, que el valor que tiene en cualquier caso la comprensión de la "novela de nuestra vida", el mundo de ficciones e ideales que cada uno de nosotros nos forjamos, importancia que se acrecienta en el caso de Machado por el volumen y la constancia que en él adquiere.


George Santayana (El sentido de la belleza)


Cuando el dorado hilo del placer atraviesa el tejido de cosas en que continuamente trabaja nuestra inteligencia, presta al mundo visible aquel encanto misterioso y sutil que llamamos belleza.

* George Santayana (Dominios y poderes)

Honoré de Balzac (La piel de zapa)

Para juzgar a un hombre, hay que estar por lo menos en el secreto de su pensamiento, de sus desdichas, de sus emociones: no querer conocer de su vida más que los acontecimientos materiales es hacer cronología, la historia de los necios.

Elisabeth Noelle-Neumann (La espiral del silencio) Opinión pública: nuestra piel social.


Cuando empecé a buscar entre los escritos de grandes autores del pasado, me alentó encontrar una descripción precisa de la dinámica de la espiral del silencio en la historia de la Revolución Francesa de Alexis de Tocqueville, publicada en 1856. Tocqueville describe la decadencia de la Iglesia en Francia a mediados del siglo XVIII y el modo en que el desdén por la religión se convirtió en una pasión general e importante entre los franceses. El silencio de la Iglesia francesa, nos cuenta, fue un factor de primera importancia " Los que seguían creyendo en las doctrinas de la Iglesia tenían miedo a quedarse solos con su fidelidad y, temiendo más la soledad que el error, declaraban compartir las opiniones de la mayoría. De modo que lo que era sólo la opinión de un parte...de la nación llegó a ser considerado como la voluntad de todos y a parecer, por ello, irresistible, incluso a los que habían contribuido a darle esta falsa apariencia"

Richard Florida (La clase creativa) La transformación de la cultura del trabajo y el ocio en el siglo XXI

Puede que usted no sea ni pintor, ni escritor, ni tampoco músico, pero si asiste a la inauguración de una galería de arte o a un club nocturno en el que pueda relacionarse con artistas y aficionados al arte, es muy posible que su creatividad se vea más estimulada que cuando se limita a entrar en un museo o en una sala de conciertos, coger un programa y observar. La gente prefiere la cultura callejera, porque les permite no sólo experimentar las obras de arte, sino también a sus creadores.

Ernesto Grassi (La filosofía del Humanismo)

¿ Y qué otra cosa es la vida que lleva el estudioso sino una manera particular de permanecer prisionero del hechizo de una "manía". El esfuerzo incansable y arduo de pensar le sorbe al investigador el gozo de vivir. Sólo a causa de la locura que lo domina puede llegar a pensar que ha realizado una obra maestra cuando entreteje en un texto latino un vocablo griego "a modo de pincelada de color".

Paul Lafargue (El derecho a la pereza)

El final de la revolución no es el triunfo de la justicia, de la moral, de la libertad, y demás embustes con que se engaña a la humanidad desde hace siglos, sino trabajar lo menos posible y disfrutar, intelectual y físicamente, lo más posible. Al día siguiente de la revolución habrá que pensar en divertirse.

Ashley Montagu (La naturaleza de la agresividad humana)

El amor, término muy común pero raramente usado por científicos en su papel de científicos, rara vez se define. Una definición breve pudiera ser: conducta calculada para conferir beneficios de supervivencia a otro de un modo creativamente ampliador.

Marcel Schwob (Corazón Doble)

La vida no está en lo general sino en lo particular; el arte consiste en dar a lo particular la ilusión de lo general.

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