Andre Gorz (Metamorfosis del trabajo)

Del conjunto de análisis que preceden se desprende como en filigrana la visión de otra sociedad posible. La disminución progresiva del trabajo con fin económico habrá permitido a las actividades autónomas llegar a ser preponderantes en ella: <<El tiempo libre predominará sobre el tiempo constreñido, el ocio sobre el trabajo>>; <<el ocio no será ya solamente reposo o compensación, sino tiempo esencial y razón de vivir, siendo reducido el trabajo al rango de medio>>. <<Es entonces ese tiempo libre el que transmitirá los valores comunes. Pensemos en el trastorno que conocería nuestra sociedad si la creatividad, la convivencialidad, la estética, el juego prevalecerán sobre los valores de eficacia y rentabilidad vinculados al trabajo>>. << El envite es capital... Es nada menos que un arte de vivir, que unas formas renovadas de creatividad social lo que se trata de inventar>>. Se trata en una palabra, de pasar de una sociedad productiva o sociedad de trabajo a una sociedad de tiempo liberado donde todo lo relacionado con ella y todo lo cultural predominen sobre lo económico...

Alesssandro Baricco (Los bárbaros) Ensayo sobre la mutación

MÚSICA CLÁSICA

No hay nada como la música clásica para comprender qué es lo que tenían en la cabeza los románticos. Pero ¿cómo se las apañan en los colegios para poder explicarlo todo sin dedicar ni una hora siquiera a Beethoven o Schumann, o Wagner?
Podemos empezar con una pregunta sólo idiota en apariencia: ¿existía la música clásica antes de que inventaran la idea de música clásica? Sí. Naturalmente. No se llamaba así, no tenía nada que ver con el Romanticismo, no la pagaban los burgueses, la escuchaba poquísima gente, pero existía. Una forma elitista de entretenimiento, con maneras más bien sobrias e intelectuales. A menudo solía ir unida al placer de la danza, otras veces iba unida a los textos poéticos. Existía, como es natural, una vertiente religiosa: música litúrgica, o composiciones dirigidas a la edificación moral del creyente: en síntesis, el habitual, el sólido trabajo publicitario pagado por la Iglesia para promocionar su producto (a saber cuánto tiempo tardaremos todavía en admitir que tenemos una deuda contraída, el mejor arte occidental, con esa genial intuición de una secta religiosa que inventó la publicidad e invirtió en ello irracionales cantidades de dinero.



Zigmunt Bauman (Modernidad y Holocausto)


Una vez completada la descripción del Holocausto por parte de los historiadores, aparece una interpretación alternativa y más creíble del mismo como un suceso que desveló la debilidad y la fragilidad de la naturaleza humana (la fragilidad del aborrecimiento del asesinato, de la falta de predisposición a la violencia, del miedo a la conciencia culpable y a la ausencia de responsabilidades ante el comportamiento inmoral) cuando esa naturaleza se vio constratada por la patente eficacia del más precioso de los productos de la civilización: su tecnología, sus criterios racionales de elección, su tendencia a subordinar el pensamiento a la acción al pragmatismo de la economía y la efectividad. El mundo hobbesiano del Holocausto no emergió de su escasamente hondo sepulcro revivido por un tumulto de emociones irracionales. Llegó (de una forma impresionante que con toda seguridad Hobbes habría repudiado) sobre un vehículo construido en una fábrica, empuñando armas que sólo la ciencia más avanzada podía proporcionar y siguiendo un itinerario trazado por una organización científica dirigida.
La civilización moderna no fue condición suficiente del Holocausto, pero sí fue, con seguridad, condición necesaria. Sin ella, el Holocausto sería impensable. Fue el mundo racional de la civilización moderna el que hizo que el Holocausto pudiera concebirse. "El asesinato en masa de la comunidad judía europea perpetrado por los nazis no fue sólo un logro tecnológico de la sociedad industrial sino también un logro organizativo de la sociedad burocrática". Piensen simplemente qué es lo que convirtió el Holocausto en algo único de entre todos los asesinatos en masa que han jalonado el avance histórico de la especie humana.


Noam Chomsky (11/09/2001)

LAS CIVILIZACIONES ORIENTAL Y OCCIDENTAL

Basado en entrevistas concedidas a medios de comunicación europeos, entre 20 y 22 de septiembre de 2001.


¿Es peligroso el Islam para la civilización occidental? ¿Representa el estilo de vida occidental una amenaza para la humanidad?

La pregunta es demasiado amplia y vaya para que la conteste. Sin embargo, debería estar claro que Estados Unidos no mira al Islam como a un enemigo ni viceversa.
En cuanto al <<estilo de vida occidental>>, incluye gran cantidad de elementos, muchos francamente admirables, muchos adoptados con entusiasmo por el mundo islámico, muchos criminales y hasta amenazantes para la supervivencia de la humanidad.
Si hablamos de <<civilización occidental>>, tal vez convendría tomar buena cuenta de la palabras atribuidas a Gandhi, cuando le preguntaron qué pensaba de la civilización occidental y contestó <<Podría ser una buena idea>>.

Raúl Eguizábal (El Estado del malestar) Capitalismo tecnológico y poder sentimental

EL HOMBRE QUE NO ERA NADIE

Da la sensación de que nuestra época está deseando que hayan catástrofes humanitarias, terremotos, tifones, inundaciones, para poder practicar la solidaridad, para tener alguna justificación para emprender algún proyecto común. El terror de la era posmoderna, el terror de la sociedad tecnológica, es precisamente caer en el vacío, flotar en el vacío de lo social, perderse en la nada. Ser nada. Que cuando nos desnudemos por la noche, frente al espejo, se vaya con nuestra ropa de marca, con nuestros zapatos de diseño, con el perfume de nuestra colonia, todo nosotros, todo lo que somos. Frente al espejo... para saber que todavía estamos ahí, que todavía disponemos de algún rasgo de identidad, que todo no se lo ha llevado la liposucción, la terapia de grupo, la operación de miopía, el retoque de la nariz o el de la personalidad, el implante del pecho o del culo, la sesión de psicoanálisis, el relleno siliconado de los labios, el borrado de las ojeras, de las entradas, de las arrugas, en fin, de todas esas cosas que somos (las marcas, lo signos) y de la que paradójicamente, por razón del vació, por miedo al vacío, queremos desprendernos.
Al mismo tiempo que nos desprendemos de las marcas de la edad, de las huellas del exceso, de los vértigos de la experiencia, de las señas de identidad, de los traumas, del dolor, para quedarnos lisos, pulidos como una superficie de metal bruñida, de envoltura de robot o de nava de ciencia ficción, de flamante ser recién nacido o de extraño extraterrestre, nos rodeamos de marcas comerciales, de señas de identidad de fábrica, de megasignos mercantiles. Tampoco está bien visto ser demasiado culto, demasiado inteligente o demostrar un exceso de carácter o de seguridad en sí mismo, ser irascible o apasionado o vehemente. Ser entusiasta está mal, ser creyente está mal, ser celoso o fogoso está mal. Todo debe ser tibio y suave. <<Fanático>> es uno de los peores insultos que se nos puede dirigir hoy día.

EL HOMBRE DE 104,3 MILLONES DE DÓLARES

Hablar de arte como de algo sagrado, con sus templos y sus rituales, no sólo es un tópico, es una falsedad. Aunque una falsedad millonaria, eso sí, pues el arte lo que tiene son sus bancos de depósito (llamados museos), sus bolsas de valores (casas de subastas) y sus especuladores (coleccionistas, galeritas y críticos). Es difícil de entender el arte poscontemporáneo, pero no por razones estéticas, o por su profundidad conceptual o especulativa; es difícil de comprender tan sólo porque nos empeñamos en pensar que forman parte del círculo de la cultura cuando en verdad forma parte del círculo del dinero.

SEXO INCIERTO, GÉNERO NEUTRO

Bajo la influencia del neofeminismo, las relaciones entre el hombre y la mujer se han deteriorado considerablemente, liberadas de las reglas pacificadoras de la cortesía. La mujer, con sus exigencias sexuales y sus capacidades orgánicas vertiginosas -los trabajos de Masters y Johnson, K. Millet, M.J. Sherfey presentan a la mujer como <<insaciable>>-, se convierte para los hombres en una compañera amenazadora, que intima y genera angustia. <<El espectro de la impotencia persigue la imaginación contemporánea>>, esta impotencia masculina que, según los últimos informes, aumenta a razón del miedo a la mujer y de la sexualidad liberada. En este contexto, el hombre alimenta un odio irrefrenable contra la mujer, como lo atestigua el trato que se da a ésta en las películas actuales con sus frecuentes escenas de violaciones. Simultáneamente el feminismo desarrolla, en la mujer, el odio al hombre, asimilado a un enemigo, fuente de opresión y de frustración; al tener cada vez mayores exigencias hacia el hombre que él no puede satisfacer, el odio y la recriminación se extienden en esa sexual warface característica de nuestro tiempo.

François Flahault (¿Quién eres tú?)

La conversación y la naturalidad

El buen humor, como es sabido, procede del hecho de que nuestra situación -condición física, relaciones con el entorno- no nos es adversa, nos favorece y nos proporcionan un sentimiento de bienestar. Y entonces, nuestra forma de existir, dejos de chocar con las de los demás, se armoniza espontáneamente con la de ellos. La gran confianza en que lo que se hace será bien recibido deriva de esta adecuación, pero implica igualmente que no se busque impresionar y que no se crea uno en la obligación de dar muestras de dominio de sí. De este modo, la distensión y la confianza en el hecho de ser suficientemente aceptado por los demás dejan libre el camino a la espontaneidad. Comienza así un circulo virtuoso: a la gentileza, a la amabilidad los demás responden favorablemente, lo que justifica retroactivamente la confianza depositada en ellos. Por el contrario, la voluntad de gustar, en la medida en que presupone la necesidad de luchar por hacerse reconocer, siempre genera tensión.

Richard Sennett (La corrosión del carácter) Las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo

Para los trabajadores mayores, los prejuicios en contra de la edad envían un mensaje potente: a medida que se acumula la experiencia de una persona, pierde valor. Lo que un trabajador mayor a aprendido en el curso de los años acerca de una compañía o una profesión particular puede ser un obstáculo para los nuevos cambios dictados por los superiores. Para la estrategia de las instituciones, la flexibilidad de los jóvenes los hace más maleables en términos de riesgo y de sumisión directa. Sin embargo, ese potente mensaje tiene para los trabajadores, un significado más personal, aparte de los prejuicios de poder.

Italo Calvino (Cuentos fantásticos del siglo XIX) Volumen I

Honoré de Balzac
EL ELIXIR DE LARGA VIDA
(L`élixir de longue vie, 1830)

Si la gloria de Balzac (1799-1850) se funda en La Comedia Humana, esto es, en el gran fresco de la sociedad francesa de su tiempo, no es menos cierto que las obras fantásticas tienen un puesto de relieve dentro de su producción y en especial en su primer período, cuando estaba más influido por el ocultismo de Svedenborg. Una novela fantástica, La peau de chagrin (1831), es una de sus mejores obras. Pero también en sus novelas consideradas <<realistas>> hay un fuerte componente de transfiguración fantástica que constituye un elemento esencial de su arte.
Cuando Balzac emprende el proyecto de la Comedia Humana, deja al margen de su obra la narrativa fantástica de su juventud; así, el cuento L`élixir de longue vie, ya publicado en revistas en 1830, fue publicado de nuevo entre los Études philosophiques, precedido por un encabezamiento que lo presentaba como un estudio social sobre los herederos que esperan con impaciencia la muerte de sus padres. No he tenido en cuenta este añadido artificioso y presento aquí el texto de la primera versión.

Sigmund Freud (Tótem y tabú)


El arte es el único dominio en el que la «omnipotencia de las ideas» se ha mantenido hasta nuestros días. Sólo en el arte sucede aún que un hombre atormentado por los deseos cree algo semejante a una satisfacción y que este juego provoque -merced a la ilusión artística- efectos efectivos, como si se tratase de algo real. Con razón se habla de la magia del arte y se compara al artista a un hechicero. Pero esta comparación es, quizá, aún más significativa de lo que parece. El arte, que no comenzó en modo alguno siendo <<el arte por el arte>>, se hallaba al principio al servicio de tendencias hoy extinguidas en su mayoría y podemos suponer que entre dichas tendencias existía un cierto número de intenciones mágicas.

Félix de Azúa (Lecturas compulsivas) Una invitación


La literatura no es como la medicina y las finanzas, cuya descomunal remuneración permite que se dediquen a ellas muchas personas en absoluto dotadas para la medicina o las finanzas. Un médico o un bolsista no ganan más dinero cuanto <<mejor>> trabaja, sino que siempre gana mucho, aunque lo haga muy mal. Pero la literatura apenas tiene mercado. Caben dos o tres figuras emblemáticas que se enriquezcan vendiendo libros, pero nada más; y desde luego nunca llegan a ser tan ricos como los profesionales de la desvergüenza. Así que quien se dedica a la literatura lo suele hacer por obsesión del oficio. Un oficio que a nadie importa una higa. La literatura crea productos innecesarios, superfluos, perfuntorios, pero construidos en libertad y con mucho esfuerzo. No es de extrañar que el oficio esté ya prácticamente extinguido.
En el proceso de la extinción, desde las colosales construcciones del siglo XIX que hoy nos dejan estupefactos hasta lo que en la actualidad sabemos hacer, se han ido produciendo derrumbes, como en todos los monumentos a los que el tiempo les vuelve el rostro para mirar en otra dirección. La historia de esos derrumbes es la historia de la literatura contemporánea. Cada nueva hornada de artesanos olvida una técnica, un instrumento, un truco. Las narraciones de los noventa, en términos masivos, también traen sus peculiares rasgos de derrumbe. Su propia ruina.

* Félix de Azúa (Contra Jeremías) Artículos políticos
* Félix de Azúa (Autobiografía de papel)

 Entrevista a Félix de Azúa

Pierre Aubenque (La prudencia en Aristóteles)

De hecho, Aristóteles distingue dos casos: aquel en el que, dado el fin, no hay más que un medio de realizado, y aquel en el que el fin puede ser realizado por diversos medios. En el primer caso, no hay más que una solución, y se trata de encontrarla. Pero, en este caso, la relación entre el fin y los medios es recíproca y necesaria; será entonces objeto de ciencia, y la <<deliberación>> que procede a la solución no será sino la medida de nuestra ignorancia o, al menos, de nuestra dificultad para actualizar nuestro saber. Allí donde la solución es única, no tenemos más que enfadarnos con nosotros mismos si no la encontramos; el buen matemático no delibera, como tampoco el buen gramático. Pero se puede preguntar si este caso privilegiado (que lleva en el texto de Aristóteles a la comparación con el análisis matemático) encuentra a menudo su aplicación en los asuntos humanos, por ejemplo <<en las cuestiones de medicina o en los asuntos de dinero>>. Aquí, puesto que el fin está dado (curarse o enriquecerse), la dificultad vendrá del hecho de que hay varios medios para realizarlo; entonces, la perplejidad surgirá no de la ausencia de vía, sino de la pluralidad de las vías que se abren, pero de las cuales ninguna es tal que estemos seguros de su éxito. Es aquí donde encuentra su uso la deliberación, puesto que se trata de saber o más bien de prever, no de ciencia, sino de opinión, la eficacia respectiva de los medios posibles y también de los riesgos de causalidad adyacente y parásita que comporta.

José Vives-Rego (Los dilemas medioambientales del siglo XXI ante la Ecoética)


Los grandes retos ecológicos de los políticos, las empresas y la ciudadanía

En consecuencia nuestra conclusión no puede ser otra que el consumismo es una economía de engaño, que ensalza la rapidez a la hora de consumir, el derroche, el exceso y el despilfarro. Estos excesos no hacen si no aumentar la incertidumbre y por lo tanto nunca acaba satisfaciendo al ciudadano. La vida del consumista es una imparable sucesión de experimentación, ensayos y errores que nunca alcanza el territorio de la satisfacción. Por estos motivos su inmediata consecuencia es el deterioro ambiental y los grandes costes sociales y por tanto es éticamente inaceptable. El futuro sostenible requiere el abandono del consumismo y el desarrollo de nuevos valores en los que basar el bienestar. No podemos basar la felicidad y en bienestar en el consumismo.

* José Vives Rego (¿Suicidio político o suicidio ecológico?)

Susan George y Martin Wolf (La globalización liberal) A favor y en contra

S.G.: Parece que algunos franceses tienen un problema con las películas norteamericanas.

M.W.: Si es así, es porque al público le gustan, como le gustan, además, las hamburguesas de McDonald's, y porque los proteccionistas, en realidad, se oponen al pueblo francés, que es en muchos sentidos el más americanizado de Europa. Si un gobierno, con el apoyo de su población, desea preservar determinadas actividades del mercado mundial, debería tener derecho a hacerlo. No me plantea ningún problema, si eso es lo que quieren los franceses, aun cuando entrañe el riesgo de no ser muy eficaz en el sector del cine.

M.G.: La gente debería tener derecho a escoger sus actividades culturales, así como todo lo demás. Una vez más, tengo que mencionar aquí el poder de las multinacionales y de los lobbys. La Motion Picture Association of America, presiona sobre el gobierno norteamericano, y éste hace lo que quiere su presidente, Jack Valenti. Más del 80% de las películas distribuidas en Francia, que sin embargo posee una vigorosa industria cinematográfica, son norteamericanas.



Ted Honderich (¿Hasta que punto somos libres?) El problema del determinismo

La conexión mente-cerebro

¿Cómo está conectada la mente con el cerebro? Mejor dicho: ¿cómo están conectados los sucesos mentales con los sucesos nerviosos? ¿ Cómo está relacionado el pensamiento o la conciencia del lector en este momento, mientras lee estas mismas frases, con lo que sucede en su cerebro? Si el lector opta por detenerse en este punto y hacer otra cosa, por ejemplo sus obligaciones, ¿cómo se relaciona la elección con lo que pasa en su cerebro? La pregunta por la conexión mente-cerebro es una de las mejores y más difíciles de la filosofía de la mente. Pequeñas agrupaciones de filósofos y psicólogos se han dedicado a analizarla, rechazando, proponiendo y quedándose perplejos por las respuestas que suscita. Es asimismo un problema situado en el centro del determinismo y la libertad.

Jorge Edwards (La muerte de Montaigne)

Michel de Montaigne, todavía lúcido, pero víctima del tumor ardiente que le había salido debajo de la lengua, y que se hinchaba por minutos, que le provocaba fiebre alta, en un estado de espíritu parecido al delirio, contemplaba las caras conocidas que desfilaban y las acogía con una inclinación de cabeza, con una mueca, con un estremecimiento convulsivo de la espalda, con una agitación vaga de los dedos. Adelante, regocijaos hipócritas amigos, parecía decir, como diría muchos años más tarde un casi contemporáneo y tocayo suyo Miguel de Cervantes, que yo me voy muriendo, y ustedes, en cambio, están condenados a seguir trotando, y sufriendo, y sudando la gota gorda. Después, cuando ya la sala del segundo piso de la torre estaba enteramente llena, y algunos habían tenido que subir para escuchar la misa desde las escaleras o desde el estudio del tercero, llegó el cura de la parroquia de Saint Michel de Montaigne vestido con sus mejores galas, portador de una alta cruz de plata, y dos monaguillos que le sujetaban los paramentos, y otro que le llevaba un cáliz tapado, y un cuarto que portaba campanillas, vinajeras, paños de encaje y otros acccesorios.

Albert Camus (Calígula)


(CALÍGULA se sienta junto a CESONIA.)

CALÍGULA
Escúchame bien. Primera fase: todos los patricios, todas las personas del Imperio que dispongan de alguna fortuna -pequeña o grande eso da igual -deberán obligatoriamente desheredar a sus hijos y hacer testamento ahora mismo a favor del Estado.

EL INTENDENTE
Pero, César...

CALÍGULA
Aún no te he concedido la palabra. En función de nuestras necesidades, iremos ejecutando a esos personajes siguiendo un orden arbitrario. Llegado el caso, podremos modificar ese orden, siempre de manera arbitraria. Y heredaremos.

CESONIA (Apartándose)
¿ A qué viene esto?

CALÍGULA (Imperturbable)
Sí, el orden de las ejecuciones carece de la menor importancia. O, mejor dicho, esas ejecuciones tienen idéntica importancia, lo que implica que no la tienen en absoluto. Además, tan culpables son los unos como los otros. Por otra parte, piensa que no es más inmoral robar directamente a los ciudadanos que gravar con impuestos indirectos los artículos de primera necesidad. Gobernar y robar son una misma cosa, eso es del dominio público. Pero cada cual lo hace a su manera. Yo, por mi parte, pienso robar sin tapujos, notaréis la diferencia con los ladronzuelos del tres al cuarto. (Al INTENDENTE, con rudeza.) Ejecutarás estas órdenes sin dilación. Todos los habitantes de Roma firmarán los testamentos esta misma tarde; los de provincias, en un mes a más tardar. Envía correos.

EL INTENDENTE
César, no te haces cargo...

CALÍGULA
Escúchame bien, estúpido. Una vez admitido que el Tesoro tiene importancia, la vida humana deja de tenerla. La cosa es clara y meridiana. Cuantos opinan como tú deben admitir este razonamiento y hacerse la idea de que, puesto que para ellos el dinero lo es todo, su vida no vale nada. Por lo que a mí respecta, he decidido ser lógico y, como tengo el poder, veréis lo que va a costaros esa lógica. Acabaré con contradicciones y contradicciones. Si es preciso, empezaré por ti.

EL INTENDENTE
César, mi buena voluntad no está en entredicho, te lo juro.

CALÍGULA
Ni la mia tampoco, no te quepa la menor duda. Buena prueba es que consiento en adoptar tu punto de vista y reconsiderar sesudamente el Tesoro Público. En definitiva, deberías agradecérmelo, puesto que entro en tu juego y juego con tus cartas. (Pausa. Con calma.) Además, mi plan, por su sencillez, es genial, lo que pone punto final a la discusión. Tres segundos tienes para desaparecer. Cuanto: uno...
(Desaparece EL INTENDENTE.)

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