Voltaire (La Doncella de Orléans)

Hermana de la muerte, implacable Guerra, que proporciona laureles a los bandidos que llamamos héroes; monstruo sangriento, tus crímenes despoblaron la tierra, rociándola de lágrimas y de sangre; pero cuando el amor añade sus desgracias a las que proporciona Marte; cuando la cariñosa mano del tierno amante derrama la sangre de la mujer que adora; cuando clava el puñal en el seno de la mujer cuyos labios ardientes llevan la marca de sus enamorados besos; cuando ve que se cierran a la claridad del día los ojos que le miraban con amor, semejante escena causa mayor efecto en los corazones sensibles que la muerte de cien guerreros que el rey paga para que arriesguen la vida en las batallas.

Benigno del Río Molina (La invención del paisaje: un ensayo sobre la condición humana

Al verter el té en la taza, el liquido aprende de inmediato a constreñirse entre las paredes de cerámica, al igual que las palabras y silencios y gestos de los participantes en la ceremonia expresan implícitamente el reconocimiento de los límites. El quizá fuera el mayor maestro de la ceremonia del té, Rikyu (1521-1591), diseñó también los jardines que rodeaban a los pabellones. En cierta ocasión, e inexplicablemente para muchos, casi ocultó una sublime vista del mar al fondo. Deliberadamente plantó dos setos enormes y junto a ellos mandó colocar un cuenco de piedra. Cuando el visitante se inclinaba para tomar agua del cuenco, observaba su imagen finita y pequeña en la superficie del agua, pero, luego, al alzar la vista, veía por el espacio de entre los dos setos una grieta de luz, un vislumbre: el resplandor de la inmensidad del mar al fondo, y entonces tomaba conciencia de que, a pesar de ser efímero y limitado, era parte de un universo infinito.
No obstante, si la ceremonia del té enseña que el hombre es una parte minúscula de la inmensidad, el arte de la espada, que practican los samurais, enseña como fijar la atención, pero no en el propio ser, ni en la espada del contrincante, sino en la anulación del yo. Calvino relata, entonces, un apólogo zen en el que el arte de la espada, que era un antiguo arte espiritual en el Japón, aparece relacionado con el paisaje:
El alumno de un gran forjador de espadas pretendía haber superado al maestro. Para probar cuán afiladas eran sumergió una en un riacho. Las hojas secas que arrastraba la corriente al pasar por el filo de la espada se cortaban en dos. El maestro metió en el arroyuelo una espada que él había forjado. Las hojas corrieron evitando la lámina.

George Steiner (Errata) El examen de una vida


Siempre he desconfiado de la teoría a la hora de resolver mis asuntos emocionales, intelectuales y profesionales. En la medida de mis posibilidades, encuentro sentido al concepto de teoría en las ciencias exactas y, hasta cierto punto, en las ciencias aplicadas. Estas constituciones teóricas precisan, para su verificación o refutación, de experimentos cruciales. Si son refutadas, serán sustituidas por otras. Pueden formalizarse lógica o matemáticamente. La invocación a la teoría en el terreno de las humanidades, en la historia y en los estudios sociales, en la evaluación de la literatura y las artes, me parece mendaz. Las humanidades no son susceptibles ni de experimentos ni de verificación (salvo en un plano material, documental). Nuestras respuestas a ellas son pura intuición. En la dinámica de la semántica, en el flujo de lo significativo, en la libre interacción de interpretaciones, las únicas proposiciones son una opción personal, de gusto, de remota afinidad o de sordera. No cabe la refutación en sentido teórico. Coleridge no refuta a Samuel Johson; Picasso no se acerca a Rafael. En las humanidades, la teoría no es más que intuición que se vuelve impaciente.

Jostein Gaarder (El mundo de Sofía) Novela sobre la historia de la filosofía

-En un sentido más amplio se puede hablar de una corriente naturalista desde mediados del siglo XIX, hasta muy adentrado nuestro propio siglo. Por naturalista se entiende un concepto de la realidad que no admite ninguna otra realidad que la naturaleza y el mundo perceptible. Un naturalista considera, por lo tanto, al hombre como parte de la naturaleza. Un investigador naturalista se basará exclusivamente en hechos dados por la naturaleza, es decir, ni en especulaciones racionales, ni en ninguna otra forma de revelación divina.
-¿Esto es válido para Marx, Darwin y Freud?
-Decididamente sí. Las palabras clave de mediados del siglo pasado son <<naturaleza>>, <<historia>>, <<evolución>> y <<crecimiento>>. Marx había señalado que la ideología de los seres humanos es un producto de la base material de la sociedad. Darwin demostró que el ser humano es el resultado de un largo desarrollo biológico, y el estudio de Freud del subconsciente mostró que los actos de los hombres se derivan, a menudo, de ciertos instintos animales.
-Creo que entiendo lo que quieres decir con <<naturaleza>>, ¿pero no sería mejor hablar de una cosa cada vez?
-Vamos a hablar de Darwin, Sofía. Supongo que te acordarás de que los presocráticos buscaban explicaciones naturales a los procesos de la naturaleza. De la misma manera que ellos tuvieron que librarse de las viejas explicaciones mitológicas, Darwin tuvo que librarse de la visión de la Iglesia sobre la creación de animales y hombres.
-Pero fue en realidad un filósofo?
-Darwin era biólogo e investigador de la naturaleza. Pero fue el científico de los tiempos modernos que más que ningún otro desafió la visión de la Biblia sobre el lugar del hombre en la Creación de Dios.
-Entonces me vas a hablar un poco de la teoría de la evolución de Darwin, ¿no?


Charles Dickens (Tiempos difíciles)

Centenares de obreros. Centenares de caballos de vapor. Allí en la fábrica. Se puede calcular con precisión lo que la máquina es capaz de hacer con una libra de combustible, pero ni todo un equipo de expertos en deuda pública sería capaz de calcular la capacidad para el bien y para el mal, para el amor y el odio, para el patriotismo y el descontento, para la virtud que, degradada, se torna en vicio -y viceversa- que puede albergar, en un instante, el alma de cualquiera de esos silenciosos servidores de compuesta expresión y regulados movimientos. El misterio, que en la máquina brilla por su ausencia, es insondable incluso en el más insignificante de los hombres. Estremece pensar que se pretenda invertir los términos y aplicar medida a lo que no la tiene.
Pese a la lluvia, el día había clareado lo bastante para poder apagar las llameantes luces del interior de la fábrica. Las serpientes de humo, resignándose a la maldición de toda aquella tribu, se veían obligadas a reptar bajo el aguacero. Y, en el patio de atrás, el vapor del conducto de escape, los barriles y la chatarra desechada, los brillantes montones de carbón, la ceniza que lo invadía todo, quedaban velados por la lluvia y la bruma.
El trabajo prosiguió hasta que, a mediodía, sonó la sirena. De nuevo el resonar de los zuecos en el pavimento. Los telares, los engranajes y los tejedores, todos desconectados durante una hora.

John Fante (Al oeste de Roma) Mi perro Idiota & La orgía

Mi perro Idiota
Me sentaba en la hierba con Idiota y en esos momentos creía en todo. A veces, se levantaba, me ponía las patas en los hombros y trataba de metérmela. Hasta tal punto me amaba. ¿Qué otra cosa podía hacer para expresarse' ¿Escribir un poema, cortar rosas? Le daba un codazo en el hocico y se le quitaban las ganas. Rocco también me había amado y lo expresaba mordisqueándome los zapatos o rasgando algo que me perteneciera, una camisa, unos calcetines, el sobrero o, lamentablemente, los mangos de los palos de golf. Pero Rocco era un sujeto extrovertido al que le gustaban las hembras, mientras que Idiota tenía aquel problemilla sexual y le tenía afecto por eso.

La orgía
La tórrida mañana de agosto, al llegar al tajo, mi padre y yo nos encontramos con un silencio poco habitual que nos dejó intrigados. Faltaba algo en el ambiente. Con las antenas siempre sintonizadas con la crisis, mi padre se echó hacia atrás el sombrero y escuchó. El factor que echábamos de menos era el rugido de la hormigonera, que no se oía como de costumbre en el temprano aire matutino. Mi padre se acercó a la máquina salpicada de cemento y miró alrededor. Blivins el Rápido no estaba. Por primera vez en diez años faltaba al trabajo.
-Estará enfermo -dijo mi padre-. Seguro que es eso.
El reloj del juzgado dio las ocho y, con peón o sin él, Luke y Frank Gagliano se subieron al andamio para ocupar su sitio en la pared. Eran hombres de sindicato que cumplían con su obligación y tenían voluntad de trabajar. Si no había ladrillo que poner ni mortero con que adherirlos, no era problema suyo; seguían ganando dos dólares a la hora.
Con un gruñido de resignación, mi padre se hizo cargo de las funciones del Rápido y se puso a cribar arena. Trabajaba con furia, con un humor de perros. Frank y Luke miraban sin hacer nada desde el andamio y fumaban un cigarro. Empuñé una pala. Quería ayudar.

Emilio LLedó (El origen del diálogo y la ética) Una introducción al pensamiento de Platón y Aristóteles


Un principio de anarquía ha minado la fiesta democrática, y el tirano, que ya no es aquel caudillo popular que Platón no llegaría a conocer, impone a aquella desenfrenada libertad << la mayor y más salvaje esclavitud>>. Porque el pueblo del trabajo, el que con la democracia ha llegado a disfrutar de autoridad en las asambleas, empezará a sentirse representado por el demagogo favorito que, astutamente, acabará enfrentándolos, al enfrentarlos en sus pequeños intereses <<poniéndose a la orden del día las denuncias, los procesos y las disputas entre unos y otros>>. El viejo esquema de la autoridad sacralizada, de nuevo, por la incultura de la mayoría de los ciudadanos queda aquí reducida y corrompida para siempre, bajo mil formas, en la máscara encubridora de la violencia.
Dentro, sin embargo, del impresionante cuadro que hace Platón del horizonte real de la existencia humana, las páginas de la República adquieren un valor ejemplar. La estructura que la sustenta es un canon en el que se contrasta el desarrollo histórico. Platón debió de descubrirlo en el mismo análisis de las contradicciones de la democracia en la que se desarrolló su vida, y en un poderoso impulso reformador le hace buscar la posibilidad de instaurar ese canon: justicia contra arbitrariedad, cultura contra brutalidad, verdad discutida contra verdad impuesta, educación contra espontaneidad del egoísmo, idealismo contra el inmediato pragmatismo del aquí y ahora.




Antonio García-Trevijano (Teoría Pura de la República)


El malestar de la cultura lo padecen más quienes menos se resignan a vivir sin espíritu de un sentido común que emane de la libertad política colectiva. Sin este maestro insobornable, se da crédito a lo absurdo y no vale lo sensato; se admita lo despreciable y se vilipendia lo admirable; se hacen movimientos histéricos con los dedos a la altura de las orejas para que las palabras sin espíritu genuino, se entiendan entre comillas. Sin espíritu emergente de la libertad común, el lenguaje no comunica razones ni sentimientos. Tan sólo ruidos rutinarios de propaganda o de negocio. Los escritores no leen y los lectores escribe. La vulgaridad anega el panorama cultural que nos legó el maniqueísmo de guerra fría. Desde la inmoralidad de las costumbres al cinismo de las acciones, desde el ámbito familiar al del Estado, desde las manifestaciones del arte de artefactos a los planes de docencia, desde el campo de la producción-consumo al del deporte, todo parece organizado para excluir de la vida social la función del sentido común, que es espíritu práctico, anulando toda posibilidad de que emerja un espíritu razonable que se objetive en instituciones políticas y culturales.
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Los esclavos eran conscientes de su esclavitud. Tenían libertad de pensar sin la de obrar. Los modernos siervos voluntarios tienen la de obrar sin la de pensar. Se creen libres porque tienen capacidad de obrar, opinar y votar, sin saber que obran, opinan y votan según un modo de vivir lo político que perpetúa el señorío de los nuevos amos de la libertad, los partidos estatales. Señorío que entierra, con libertades exteriores de obrar sin actuar, la libertad interior de pensar. El pensamiento es menos libre que la acción. La libertad de expresión, una fantasía ilusa si no hay libertad de pensamiento. Una quimera para obreros de la libertad en tajos definidos por capataces del pensamiento y de los sentimientos, con patrones ideológicos de directores inmorales de la conciencia colectiva.


Ralph Waldo Emerson (Pensamientos para el futuro)


Prudencia
Rechazamos el cariño y la intimidad con la gente, como si esperásemos un cariño y una intimidad mejores que están por llegar. Pero ¿de dónde y cuándo? Mañana será como hoy. Malgastamos la vida mientras nos preparamos para vivir.

Arte
Aunque viajemos por todo el mundo para encontrar la belleza, debemos llevarla con nosotros, o jamás la hallaremos.

Experiencia
Llenar el momento, en eso consiste la felicidad; llenar el momento y no dejar fisura alguna para el arrepentimiento o el consentimiento.

Autoconfianza
Creer en tus propias ideas, creer que lo que es verdad para ti en lo más profundo de tu corazón es verdad para todos los hombres; en esto consiste el genio.

Bertrand Russell (Principios de construcción social)


Los hombres temen al pensamiento como no temen ninguna otra cosa sobre la Tierra: más que la ruina, más aún que a la muerte. El pensamiento es subversivo y revolucionario, destructivo y terrible, el pensamiento es despiadado para el privilegio, las instituciones establecidas y los hábitos confortables; el pensamiento es anárquico y sin ley, indiferente a la autoridad, y le trae sin cuidado la decantada sabiduría de las edades. El pensamiento contempla el pozo del infierno y no tiene miedo. Ve al hombre, una débil mota, rodeado de insondables abismos de silencio: se mantiene soberbiamente, tan impasible como si fuera el señor del universo. El pensamiento es grande, rápido y libre; la luz del mundo y la gloria principal del hombre.




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